Colegio ISMA

Reflexión de Adviento

Reflexión de Adviento
Fernanda Halle I° A



El adviento para mi es una etapa de espera y preparación para recibir a Jesús, pero no cualquier etapa, porque se trata de encontrarse con alguien especial. Debemos ocupar este tiempo para reordenar nuestras vidas en todo sentido, limpiar nuestro hogar, remendar nuestros errores desde el corazón y empezar a hacer las cosas bien realmente. Siempre es momento para hacer todo aquello, pero me parece que para recibir a Jesús si es relevante.



Quiero destacar que cuando hablo de limpiar nuestro hogar no me refiero solo al hogar físico, a nuestras casas, sino a nuestro alrededor, mejorar las relaciones que tenemos con nuestros cercanos, buscar la reconciliación, eliminar las malas intenciones que podamos tener y las vibras negativas que quedan en los lugares que consideramos parte de nuestras vidas. Mi hogar sería todo aquel conjunto de personas y lugares a las cuales les he tomado cariño por los aprendizajes y vivencias que he tenido, por lo que quiero hacer todo lo mencionado en este tiempo para estar con Jesús y que se sienta a gusto.



Estoy dispuesta a recibir a Jesús.



Desde hace bastante tiempo llevo sintiéndome lejana a él a causa de mis propias acciones, como el simple hecho de no recordarlo con la misma reiteración de antes, incluso si lo he necesitado para recibir su amor y sentir tranquilidad. Sé que eso ocurre únicamente por mi falta, puesto que él siempre está ahí para escucharnos, ayudarnos y darnos alegría también, y está en mí, en nosotros, decidir si queremos recurrir a él siempre o por el contrario, no visitarlo nunca; por aquello me siento algo mal, porque en un pasado no muy lejano pude hacer mi vida en su compañía y enfrentar mis problemas sabiendo que tenía a alguien incondicional en quien apoyarme (y también apoyarlo a él), sin embargo, no me importó si estaba conmigo o no…



Hace unos días fui a una de las oraciones semanales que realiza el colegio por Instagram y me di cuenta de todo esto, de la paz que me entrega asistir a una oración, de cuánta razón había en todo lo que se decía y de lo importante que es tener a alguien, en este caso a y como Jesús, en nuestras vidas. Sinceramente, me afectó bastante (no en el sentido negativo), porque muchas de las cosas mencionadas resonaban en cómo me llevaba sintiendo en ese entonces o tenían relación con otras situaciones que habían sucedido y de alguna u otra forma me habían llevado a ser quien soy ahora. Fue impactante. Y en realidad, siempre que voy a una oración encuentro razón en lo que se comenta.



Por lo que, en resumen, de la anécdota pude concluir que luego de ir a la oración verdaderamente quiero recibir a Jesús en mi vida, y no solamente para festejar la navidad, sino para siempre. No quiero cometer el mismo error de alejarlo por dudas o simple despreocupación.



Aunque, a pesar de mi actitud distante hacia Jesús, siempre he sabido que él es el motivo de celebración en muchas ocasiones y no me he cegado bajo las propias tradiciones que con el paso del tiempo se inventaron. Por ejemplo, en Pascua de Resurrección también ocurre que se desvía la verdadera importancia de la festividad a causa del consumismo, con muchas tiendas promocionando sus ofertas para vender productos y alimentos festivos, como los huevos de chocolates… No obstante, no voy a omitir que me encanta buscar los huevos de pascua para luego comérmelos todos, porque si es así.



Quiero decir, no estoy completamente en contra de esas tradiciones porque las sigo al igual que muchos, pero no olvido tampoco el trasfondo de todo, y podría decir que eso ha sido gracias a mi familia, a mi mamá especialmente. Ella en especial me ha enseñado siempre la realidad de todo. Acostumbro a seguir las propias tradiciones cristianas, en el caso de Navidad, a prepararnos y realizar las actividades de los 4 domingos de Adviento, a armar el árbol el 8 de diciembre y a darle importancia primero al nacimiento de Jesús durante todo el mes, celebrando el 24 a las 12 con un juego para elegir quien pondrá a Jesús en el pesebre y luego de todo aquello vienen los regalos (a pesar de que aun así nos hagamos regalos, siguen siendo algo menor. Siento que, hasta cierto punto, regalar algo por obligación o pedir algo por costumbre pierde su gracia. Es más, me hubiese gustado este año no recibir nada, porque en realidad NO quería nada, pero agradezco que mis padres igualmente quisieran darme algo.)



Gracias a mi familia, este respeto por la verdadera importancia de las festividades religiosas se ha mantenido y estoy segura de que, si no fuera por ellos, probablemente no hubiese sido así, por lo que me siento agradecida de tenerlos a ellos como una ayuda para regresar al camino que quiero seguir.



Me gustaría que muchos pudieran reflexionar sobre cómo ven estas celebraciones para que así se puedan mantener las costumbres, porque son cosas que llenan el alma, entregan una felicidad inmensa, que cualquier otra cosa, como material (los regalos, por ejemplo), no te pueden dar. Contagiando la emoción real por estas festividades se puede contribuir a mejorar todo.